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Ex – eXpat: Ahhh! La cultura!Ex – eXpat: Ahhh! La Cultura!

27 Sep 2012 By There are no tags 0 comments

En Madrid tenemos “la cultura”. Sí señor. Cuántas veces me ha tocado escuchar esto durante los últimos tiempos en los que tanto me he quejado de mi vuelta. “Pero mujer, si vuelves a Europa!”, “ No protestes, al fin y al cabo esto es un pueblo y regresas a una gran ciudad”, “Qué suerte, con la de museos que hay en Madrid!”, “Aprovecha, aquí no hay nada que hacer aparte de la playa y las tiendas…”.

Todo cierto, relativamente cierto. Haré mis matizaciones. Pero, por encima de todo, se que lo anterior fue dicho con la mejor de las intenciones, con el máximo cariño y con el sincero objetivo de ayudarme a asimilar esta vuelta que tanto me cuesta. Siempre lo interpreté así.

Pues bien, aquí estoy, en efecto, en la ciudad que rezuma cultura. Y procuro aprovecharlo, cómo no. Madrid es una gran ciudad europea, con sus defectos y sus virtudes, con mucho que aprender de otras y con mucho que enseñarles también. Y lo que no podemos negar es que si a uno le interesa, uno no se aburre teniendo la oportunidad que aquí tenemos de visitar exposiciones de arte, permanentes y temporales, de acudir a eventos musicales de toda índole y de planificar excursiones que, a no más de 100 kms a la redonda, nos ofrecen un espectáculo para varios de nuestros sentidos.

Y así es como, en el mes que llevo aquí, tras mi vuelta de las vacaciones miamenses, he tenido el placer de disfrutar de solo una pequeña parte de lo que mi ciudad ofrece y la osadía de denegar mi asistencia a alguna que otra ocasión , seguramente maravillosa, pero rechazada con chulería (madrileña, por supuesto) porque se que ya habrá otras. Uno se da el lujo aquí, incluso, de ser selectivo a la hora de programar su agenda cultural.

Os cuento: nos precipitamos, según pusimos el pie en Madrid, en aprovechar esos últimos días aún de agosto, en los que el ambiente de la sierra madrileña tiene ese “algo” especial que a muchos, además, nos retrotrae a algunos de nuestros mejores momentos de nuestra infancia-juventud, en acercarnos una tarde a El Escorial. Nuestros hijos han recorrido buena parte de los Estados Unidos y de algún que otro país latinoamericano, conocen ciudades de rascacielos, parques naturales, parques temáticos, islas tropicales, monumentos emblemáticos de la historia Americana…todo ello sobrecogedor, pero no lograban identificar cuál era esa belleza a la que su padre y yo nos referíamos cuando les hablábamos de este pueblo madrileño, a solo 50 kms del lugar donde ellos nacieron. El paseo por la Lonja del Monasterio, admirando tanta grandiosidad, intentando hacerles percibir toda la historia que dentro y fuera de sus muros se esconde, mereció la visita. Ni que decir tiene que tanta lección de historia hubo de acompañarse de unos buenos helados merengados (riquísimos los de “los valencianos” de El Escorial, ya un clásico), con los que les chantajeamos a cambio de que nos hicieran un poco de caso. Es cierto: dedicaron más atención a estudiar con detalle el mostrador con la multitud de sabores que a admirar la monumental obra de Felipe II. Niños al fin y al cabo..y no nos podemos quejar. Veréis a qué más cosas nos han acompañado.

No sirvieron de nada sus ceños fruncidos: “Hoy toca el Prado!. Está a punto de acabar la exposición sobre Rafael!”. No podíamos dejar pasar esa oportunidad. Una gran muestra en la que se han recogido las obras más desconocidas del artista, las que creó en sus últimos años de trayectoria profesional, con impresionantes retratos y con mucha producción de temática religiosa con todas las características más inconfundibles del gran pintor renacentista. Algo sacarían de ella, con seguridad.

Hace un par de viernes, la siguiente encerrona: mamá con sonrisa de oreja a oreja, esperándoles a la puerta del cole y recibiéndoles a su salida con un “Sorpresaaa! Tengo un plan!”. Ellos como perrillos, jadeando y moviendo el rabito. “Nos vamos a la exposición de Hopper!”. Con promesa de por medio de tortitas con nata y batido de vainilla en Vip’s a la salida y haciéndoles ver de antemano que les gustarían las pinturas del gran Hopper por su iconografía norteamericana que ellos identificarían bien y sentirían tan cercana, conseguí llevarles hasta el Thyssen, ya más animados. Jugando con ellos a hacer apuestas sobre cuál era mi cuadro favorito de toda la muestra, se mantuvieron entretenidos y motivados durante toda la visita. Y sí, les gustó, claro que les gustó y alguna huella quedó en sus cabecitas y en sus emociones. Si no les hubiera llevado, hubieran pasado una intensa tarde agarrados a los mandos de la Play. No way!!!

Y una más, pero sin niños. Acaba de inaugurarse en la Biblioteca Nacional una retrospectiva del fotógrafo húngaro, afincado en Madrid en la segunda mitad del siglo pasado, Juan Gyenes (o John Gyenes, como fue conocido durante sus primeros años de estancia en esta ciudad). Fascinado por nuestras representaciones folclóricas más llamativas generalmente para los ojos de un extranjero, dejó una extensa obra sobre tauromaquia y flamenco, así como sobre teatro, música y una destacada colección de retratos de los personajes más representativos de la sociedad y el panorama artístico –mayoritariamente- español, que merece la pena visitar. Eso, acompañado de un paseo que me autoimpuse por los alrededores de la Biblioteca, en el madrileño Paseo de Recoletos, todavía con el verdor veraniego de sus inmensos árboles que se demoran en recibir al ya proximísimo otoño, pretendían ayudarme en la reconciliación con mi ciudad. Me reservo el resultado.

La temporada de ópera en el Real aún no ha comenzado. Mi abono ya está dando brincos en el cajón de mi mesilla. Este año, las autoridades responsables del programa, han decidido darnos un respiro frente a temporadas como la anterior en la que se empeñaron en que teníamos, los ignorantes como yo, que conocer obra nueva y no nos dejaron apenas disfrutar de los clásicos. Este año me regodeo ya pensando en varios Mozart, Puccini, Verdi y, por supuesto, también aprenderé y, seguramente, disfrutaré de autores a los que mi oído está menos acostumbrado pero a los que siempre hay que dar la oportunidad. Faltaría más.

Es muy posible que muchas de vosotras hayáis compartido también algunas de los acontecimientos culturales que os cuento (y otros, seguro, a los que yo no he asistido) durante vuestro paso por España en este verano que ya se nos va. Estaréis de acuerdo conmigo en que tenemos mucha suerte de tenerlos a nuestro alcance. Ahora bien, no puedo dejar de defender que en Miami, si se quiere, también hay cosas por hacer, además de tomar el sol e ir a un mall.

Por suerte, hace ya unos cuantos años, la ciudad inauguró lo que entonces fue el Carnival Center (y que, por fortuna, cambió de nombre, no se si con mucho acierto, aunque creo que sí, algo mejoramos) al Adrienne Arsht Center for the Performing Arts. No estamos hablando, lo se, de la Ópera de Viena ni de la Scala de Milan, pero os aseguro que se disfruta de representaciones y espectáculos musicales más que dignos (cómo!, dignísimos!) en cualquiera de sus dos salas.

Loa amantes del arte moderno tienen la mejor de las citas en Art Basel, la feria de arte más importante de toda Norteamérica. Sí, ahí, en ese pueblo playero que para algunos es Miami. Además, un paseo por galerías y otros centros culturales pueden aportar más de una sorpresa, siempre y cuando uno quiera buscar qué se cuece en la ciudad.

Os recomiendo a todas un par de salas de cine, muy alejadas del formato al que estamos más familiarizados (macrosalas con la cartelera de rabiosa actualidad), absolutamente encantadoras y con una programación fuera de los circuitos más habituales: se trata del Tower Theater, en la calle 8, y el Art Cinema, en Aragon Av, Coral Gables. También ahí he sentido, mientras viví allí, que uno no está tan alejado del mundo cultural como pueden pensar los que no conocen la ciudad.

Pero si todo esto nos parece poco (que sííí, que nos lo pareeece…), tener Nueva York a menos de tres horas de avión es el mayor de los tesoros!!!! ¿Alguien pone en duda que una escapada a esta ciudad no nos desfoga de todas nuestras ansias de cultura? Mirad hacia el Norte, queridas expatriadas en Miami. Yo, desde aquí, mientras disfruto de lo que se me ofrece, sigo y sigo mirando al Oeste. Vivir bajo el sol tropical a tiro de piedra de semejante oferta cultural no tiene precio. Que lo aprovechéis!

(Sobre la autora: Lola Jerez, residió en Key Biscayne -Miami- desde Julio de 2005 a agosto de 2011. Psicóloga, casada, madre de dos hijos. Comienza su colaboración como bloggera con el Club Expats en Julio de 2012).

 

En Madrid tenemos “la cultura”. Sí señor. Cuántas veces me ha tocado escuchar esto durante los últimos tiempos en los que tanto me he quejado de mi vuelta. “Pero mujer, si vuelves a Europa!”, “ No protestes, al fin y al cabo esto es un pueblo y regresas a una gran ciudad”, “Qué suerte, con la de museos que hay en Madrid!”, “Aprovecha, aquí no hay nada que hacer aparte de la playa y las tiendas…”.

Todo cierto, relativamente cierto. Haré mis matizaciones. Pero, por encima de todo, se que lo anterior fue dicho con la mejor de las intenciones, con el máximo cariño y con el sincero objetivo de ayudarme a asimilar esta vuelta que tanto me cuesta. Siempre lo interpreté así.

Pues bien, aquí estoy, en efecto, en la ciudad que rezuma cultura. Y procuro aprovecharlo, cómo no. Madrid es una gran ciudad europea, con sus defectos y sus virtudes, con mucho que aprender de otras y con mucho que enseñarles también. Y lo que no podemos negar es que si a uno le interesa, uno no se aburre teniendo la oportunidad que aquí tenemos de visitar exposiciones de arte, permanentes y temporales, de acudir a eventos musicales de toda índole y de planificar excursiones que, a no más de 100 kms a la redonda, nos ofrecen un espectáculo para varios de nuestros sentidos.

Y así es como, en el mes que llevo aquí, tras mi vuelta de las vacaciones miamenses, he tenido el placer de disfrutar de solo una pequeña parte de lo que mi ciudad ofrece y la osadía de denegar mi asistencia a alguna que otra ocasión , seguramente maravillosa, pero rechazada con chulería (madrileña, por supuesto) porque se que ya habrá otras. Uno se da el lujo aquí, incluso, de ser selectivo a la hora de programar su agenda cultural.

Os cuento: nos precipitamos, según pusimos el pie en Madrid, en aprovechar esos últimos días aún de agosto, en los que el ambiente de la sierra madrileña tiene ese “algo” especial que a muchos, además, nos retrotrae a algunos de nuestros mejores momentos de nuestra infancia-juventud, en acercarnos una tarde a El Escorial. Nuestros hijos han recorrido buena parte de los Estados Unidos y de algún que otro país latinoamericano, conocen ciudades de rascacielos, parques naturales, parques temáticos, islas tropicales, monumentos emblemáticos de la historia Americana…todo ello sobrecogedor, pero no lograban identificar cuál era esa belleza a la que su padre y yo nos referíamos cuando les hablábamos de este pueblo madrileño, a solo 50 kms del lugar donde ellos nacieron. El paseo por la Lonja del Monasterio, admirando tanta grandiosidad, intentando hacerles percibir toda la historia que dentro y fuera de sus muros se esconde, mereció la visita. Ni que decir tiene que tanta lección de historia hubo de acompañarse de unos buenos helados merengados (riquísimos los de “los valencianos” de El Escorial, ya un clásico), con los que les chantajeamos a cambio de que nos hicieran un poco de caso. Es cierto: dedicaron más atención a estudiar con detalle el mostrador con la multitud de sabores que a admirar la monumental obra de Felipe II. Niños al fin y al cabo..y no nos podemos quejar. Veréis a qué más cosas nos han acompañado.

No sirvieron de nada sus ceños fruncidos: “Hoy toca el Prado!. Está a punto de acabar la exposición sobre Rafael!”. No podíamos dejar pasar esa oportunidad. Una gran muestra en la que se han recogido las obras más desconocidas del artista, las que creó en sus últimos años de trayectoria profesional, con impresionantes retratos y con mucha producción de temática religiosa con todas las características más inconfundibles del gran pintor renacentista. Algo sacarían de ella, con seguridad.

Hace un par de viernes, la siguiente encerrona: mamá con sonrisa de oreja a oreja, esperándoles a la puerta del cole y recibiéndoles a su salida con un “Sorpresaaa! Tengo un plan!”. Ellos como perrillos, jadeando y moviendo el rabito. “Nos vamos a la exposición de Hopper!”. Con promesa de por medio de tortitas con nata y batido de vainilla en Vip’s a la salida y haciéndoles ver de antemano que les gustarían las pinturas del gran Hopper por su iconografía norteamericana que ellos identificarían bien y sentirían tan cercana, conseguí llevarles hasta el Thyssen, ya más animados. Jugando con ellos a hacer apuestas sobre cuál era mi cuadro favorito de toda la muestra, se mantuvieron entretenidos y motivados durante toda la visita. Y sí, les gustó, claro que les gustó y alguna huella quedó en sus cabecitas y en sus emociones. Si no les hubiera llevado, hubieran pasado una intensa tarde agarrados a los mandos de la Play. No way!!!

Y una más, pero sin niños. Acaba de inaugurarse en la Biblioteca Nacional una retrospectiva del fotógrafo húngaro, afincado en Madrid en la segunda mitad del siglo pasado, Juan Gyenes (o John Gyenes, como fue conocido durante sus primeros años de estancia en esta ciudad). Fascinado por nuestras representaciones folclóricas más llamativas generalmente para los ojos de un extranjero, dejó una extensa obra sobre tauromaquia y flamenco, así como sobre teatro, música y una destacada colección de retratos de los personajes más representativos de la sociedad y el panorama artístico –mayoritariamente- español, que merece la pena visitar. Eso, acompañado de un paseo que me autoimpuse por los alrededores de la Biblioteca, en el madrileño Paseo de Recoletos, todavía con el verdor veraniego de sus inmensos árboles que se demoran en recibir al ya proximísimo otoño, pretendían ayudarme en la reconciliación con mi ciudad. Me reservo el resultado.

La temporada de ópera en el Real aún no ha comenzado. Mi abono ya está dando brincos en el cajón de mi mesilla. Este año, las autoridades responsables del programa, han decidido darnos un respiro frente a temporadas como la anterior en la que se empeñaron en que teníamos, los ignorantes como yo, que conocer obra nueva y no nos dejaron apenas disfrutar de los clásicos. Este año me regodeo ya pensando en varios Mozart, Puccini, Verdi y, por supuesto, también aprenderé y, seguramente, disfrutaré de autores a los que mi oído está menos acostumbrado pero a los que siempre hay que dar la oportunidad. Faltaría más.

Es muy posible que muchas de vosotras hayáis compartido también algunas de los acontecimientos culturales que os cuento (y otros, seguro, a los que yo no he asistido) durante vuestro paso por España en este verano que ya se nos va. Estaréis de acuerdo conmigo en que tenemos mucha suerte de tenerlos a nuestro alcance. Ahora bien, no puedo dejar de defender que en Miami, si se quiere, también hay cosas por hacer, además de tomar el sol e ir a un mall.

Por suerte, hace ya unos cuantos años, la ciudad inauguró lo que entonces fue el Carnival Center (y que, por fortuna, cambió de nombre, no se si con mucho acierto, aunque creo que sí, algo mejoramos) al Adrienne Arsht Center for the Performing Arts. No estamos hablando, lo se, de la Ópera de Viena ni de la Scala de Milan, pero os aseguro que se disfruta de representaciones y espectáculos musicales más que dignos (cómo!, dignísimos!) en cualquiera de sus dos salas.

Loa amantes del arte moderno tienen la mejor de las citas en Art Basel, la feria de arte más importante de toda Norteamérica. Sí, ahí, en ese pueblo playero que para algunos es Miami. Además, un paseo por galerías y otros centros culturales pueden aportar más de una sorpresa, siempre y cuando uno quiera buscar qué se cuece en la ciudad.

Os recomiendo a todas un par de salas de cine, muy alejadas del formato al que estamos más familiarizados (macrosalas con la cartelera de rabiosa actualidad), absolutamente encantadoras y con una programación fuera de los circuitos más habituales: se trata del Tower Theater, en la calle 8, y el Art Cinema, en Aragon Av, Coral Gables. También ahí he sentido, mientras viví allí, que uno no está tan alejado del mundo cultural como pueden pensar los que no conocen la ciudad.

Pero si todo esto nos parece poco (que sííí, que nos lo pareeece…), tener Nueva York a menos de tres horas de avión es el mayor de los tesoros!!!! ¿Alguien pone en duda que una escapada a esta ciudad no nos desfoga de todas nuestras ansias de cultura? Mirad hacia el Norte, queridas expatriadas en Miami. Yo, desde aquí, mientras disfruto de lo que se me ofrece, sigo y sigo mirando al Oeste. Vivir bajo el sol tropical a tiro de piedra de semejante oferta cultural no tiene precio. Que lo aprovechéis!

(Sobre la autora: Lola Jerez, residió en Key Biscayne -Miami- desde Julio de 2005 a agosto de 2011. Psicóloga, casada, madre de dos hijos. Comienza su colaboración como bloggera con el Club Expats en Julio de 2012).

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